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Lautaro Carmona
Un juego ordenado le bastó al cuadro ruletero para superar a los granates, que se siguen enredando en la zona roja de la clasificación, mostrando confusión y ninguna claridad en su juego.

El partido de ayer de CD La Serena de local ante Everton, se presentaba como la ocasión propicia para comenzar a pavimentar la escapada de la zona de clasificación y vislumbrar, de la mano de su entrenador Ivo Basay, un cambio que le permitiera dejar atrás su crisis futbolística que gatilló la desvinculación del técnico Miguel Ponce. Era la esperanza de los cerca de 2 mil espectadores que llegaron hasta el Estadio La Portada a alentar al cuadro papayero que recibía a Everton, que tampoco llegaba precedido de grandes resultados. Por el contrario, los ruleteros se alzaban como el rival propicio para darles alcance en la clasificación y así involucrarlos a ellos con la zona comprometida de la tabla cuando ya se juega el último tercio de la temporada regular.

 

Por el suelo

Sin embargo, los pronósticos que sacaban los granates, rápidamente quedaron en el suelo. La estructura táctica de Basay nunca acomodó a su equipo, por lo que los visitantes rápidamente comenzaron a tener el balón, administrarlo, ganar cada duelo y aprovechar que el local no lograba profundizar y provocar peligro sobre el arco de Torgnascioli. Por el contrario, CDLS lucía desconcertado, confundido, errático y sin conexión entre sus líneas.

No fue extraño cuando Cristian Cañozales inauguró el marcador a los 19’, aprovechando que La Serena liberó las marcas, tanto por la banda de Vicente Durán como el carril de Munder, que no llegaron a cubrir.

Ese golpe no sólo sorprendió a todos. Everton tampoco arriesgaba en demasía, sin embargo, se mostraba como un equipo ordenado y cauto para avanzar y no desordenarse. El cuadro granate quiso reaccionar por el carril de Munder, logró, por momentos, provocar quiebres y complicar a su marcador Madrid, aunque tampoco inclinó la cancha. Un par de remates de Matías Fernández y un cabezazo de Lucas Alarcón -el más regular- que pasaron por sobre el travesaño, se convirtieron en aproximaciones, mientras que Benítez desvió desde una inmejorable posición tras una rápida acción de Valencia.

 

El golpe de gracia

En la segunda mitad Everton marcó las distancias. Sabía que debía golpear nuevamente y liquidar la brega. Y lo hizo desde la reanudación cuando Cuevas se lo perdió con un golpe de cabeza a los 48’. No obstante, no bajó los brazos y siguió buscando un nuevo impacto que logró a los 57’ por intermedio de Alvaro Madrid, tras otra desaplicación defensiva.

Con media hora de juego por delante, todavía se podía hacer algo. La reacción coincidió con el ingreso de Maximiliano Guerrero, que sacó de la modorra y ritmo cancino a sus compañeros. Su movilidad le dio alguna opción y sorpresa por la banda siniestra, hasta que Benítez, en la única pelota que pudo controlar en el área, fue víctima de penal. Se jugaba el minuto 61’ y se abría una puerta para darle un giro al partido, sin embargo, el lanzamiento de Leonardo Valencia, débil y sin colocación, fue controlado sin dificultades por el portero ruletero.

Ese fue el golpe de gracia. Quedaba tiempo, pero no había por donde remontar. Everton se hizo un tremendo festín con cada pase errado y con la impotencia de un cuadro local que nunca esbozó una mejoría.

 

 

 

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