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El Tiempo | Colombia
La descripción del clima en esta porción, ubicada en la extensa cordillera de Los Andes, reza: "Templados (oceánicos y mediterráneos), de tundra y polar". Se trata de una variedad que dista mucho de la elección que hacen las parejas a la hora de llevar una vida conyugal en común, pese a que los lazos de sangre destruyen, de tajo, su realidad. Es un poblado donde sólo entre primos hermanos se enamoran, sin importarles el qué dirán.

Amaranto (Antioquia) es la localidad base de la historia a la que los medios sudamericanos, y otros fuera de la región, han dado seguimiento en los últimos días. No es para menos. Desde que el periódico colombiano El Tiempo la dio a conocer, ha recibido toda la atención más de extraños que de propios.

Los protagonistas ya tenían una idea de que su estatus en pareja llamaba la atención, al menos localmente.

Según el referido medio, sólo entre primos se enamoran en ese poblado, que es descrito con vegetación abundante, además de caminos de barro que lo alejan de la modernidad, más no de la polémica.

Ubicado en Los Andes colombianos, en la mencionada localidad viven 200 miembros de una familia, que entre estos se han casado y han procreado durante las últimas dos generaciones.

Entre los primeros en saldar unión legal, figuran los primos hermanos, Luis Aníbal Vanegas Galeano Alba del Jesús Galeano Henao. Lo hicieron hace casi 100 años, cuando llegaron a la localidad.

De su unión nacieron 11 hijos y decenas de nietos, según el medio. Pero para lograr tal lazo, además del consanguíneo, hubo que pedir permiso a la máxima autoridad religiosa de Antioquia.

Alba del Jesús tiene 85 años, pero bien recuerda que solicitaron la autorización al obispo de Jericó (cercano a Amaranto). Lo realizaron por medio de la curia de Ciudad Bolívar, suroeste de Antioquia, no sin antes recibir una penitencia que constó de 50 padrenuestros, 20 rosarios y 6 confesiones.

“No había nada qué hacer, nos enamoramos. Así fue mal visto. Es que fuimos criados en la misma vereda, nos veíamos casi a diario, por eso resultamos casados, de estar tan cerca, tan apegados”, aseguró la octogenaria.

Sin embargo, sostiene que no sólo se trató de crianza conjunta y apego familiar. También hubo lo que otras relaciones necesitan para consolidarse, pese a los reproches sociales de la época que, básicamente, suelen ser los mismos hasta hoy en día.

“Pero también había algo, una atracción, porque a pesar de que yo me fui a Medellín unos meses, no me fijé en nadie más y cuando volví a la vereda nos ennoviamos”, relató Alba del Jesús.

“Las cosas quedan en familia”

En marzo pasado, en Amaranto, se realizó una celebración que reunió a por los menos 100 integrantes de los Vanegas, Galeano y Henao. El clan donde cobra vida el dicho que reza: “Todo queda en familia”.

No se trataba de cualquier ocasión, sino, de la celebración de los 50 años de matrimonio entre los primos hermanos, Luis y Alba del Jesús.

Las bodas de oro de esta pareja son parte de la historia que se ha publicado en numerosos medios latinoamericanos. No sólo eso. Tras sus pasos, vienen los de las nuevas generaciones de primos hermanos, siguiéndolos tal cual 150 años atrás.

Angie Paola Galeano Henao y Cristian Alejandro Galeano Henao, son primos hermanos. Tienen un noviazgo desde hace dos años y parece que reviste de la seriedad de cualquier otra pareja que decide pololear.

“Estudiamos juntos, nos conocemos desde pequeños, además vivimos a cinco minutos, por eso nos podemos ver todos los días. La verdad, para mí es normal, no encuentro una explicación, es pura atracción y cercanía”, aseguró Angie.

Hablando de normalizar las uniones entre las familias mencionadas, uno de sus integrantes, Umberto del Jesús Henao Galeano, aseguró que hay motivos para que los primos se fijen en las primas, porque son lindas.

“Las cosas quedan en familia (y) todo es más fácil, no hay tantos problemas o envidias”.

Tampoco hay violencia, según Umberto. Sus singulares uniones, a su juicio, han alejado todo acto nocivo hacia el prójimo, debido a la unidad que los caracteriza.

“La estima y el cariño se siente. Nos la llevamos bien entre todos, celebramos todas las fiestas juntos, somos la vereda más unida y sana que tiene Ciudad Bolívar. Acá se puede decir, no hay riñas o peleas y hace años no hay muertes violentas. Nos morimos de viejos”.

Casarse entre primos hermanos se volvió costumbre

Ana María Vanegas es una líder comunal del poblado donde la unión entre primos hermanos hace noticia internacional, pese a que se trata de una localidad que, antes de eso, no salía de las sombras por el difícil acceso y la lejanía con las grandes urbes como Bogotá, Medellín y otras del país cafetero.

Vanegas, integrante de los 200 familiares (Los Vanegas, Galeano y Henao), cuenta sin reparo cómo han seguido la constante de unirse en matrimonio entre primos hermanos.

Se trata de una costumbre que data de 1890 cuando Isaac Galeano y Eudoxia Vanegas, se emparejaron sentimentalmente en la vecina Jericó. El padre de Isaac, Joaquín Galeano, había fundado lo que hasta hoy se conoce como Amaranto.

Desde entonces, los Vanegas, Galeano y Henao, siguen formando uniones entre primos y algunos hasta se casan.

“Los primeros primos en casarse fueron mi papá Gregorio y mi mamá Etelbina (hija de Isaac e Eudoxia). Luego, otros tres tíos hicieron lo mismo y yo, para conservar la tradición, me casé con Alba”, aseguró Luis Aníbal, casi nonagenario, quien no pierde de vista, a su avanzada edad, que están en la tribuna pública con sus uniones entre primos hermanos.

Esta zona de Los Andes, a 1.400 metros sobre el nivel del mar, tenía bien oculta una especie de tradición que no es bien vista en el resto de las sociedades. No obstante, desde esta, sus protagonistas comparten su experiencia, más allá de los juzgamientos al respecto.

 

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