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Caracol / Colombia
Hay que explorar las razones de una mujer determinada. En este caso se trata de una sola: el diagnóstico de Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), que sufre desde hace 3 años.

Un poco de su hoja de vida antes de su muerte: católica apostólica romana, 51 años, madre y mujer que sonríe a pesar de lo que viene.

Esa es Martha Liria Sepúlveda, nacida en Medellín (Colombia), ciudad donde ha salido su historia al mundo. El medio Caracol la recogió para mostrarla. La gente en redes sociales ha hecho sus lecturas, pero el control lo tiene ella, quien fue la que escogió la fecha y hora de su eutanasia. Vale la pena, al verla partir, leer sus razones.

Cuando habló con el referido medio, este la mostró tomando una fría cerveza, tras almorzar un patacón con guacamole. El calor de su ciudad natal contrasta con los detalles gélidos de su adiós. Hablaba con su hijo Federico y su abogada Camila, para dejar todo en orden. Era parte de sus últimos almuerzos, sus últimas risas en los encuentros, sobre todo con su descendencia.

“Para mí, la muerte es un descanso”

Hay que explorar las razones de una mujer determinada. En este caso se trata de una sola: el diagnóstico de Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), que sufre desde hace 3 años.

Martha expuso de sobra su padecimiento, que la tenía con dificultades para caminar. Es una enfermedad que progresa, directamente proporcional con las últimas horas de su vida, las cuales van por cuenta propia. Resulta que no está dispuesta a terminar postrada en una cama por culpa de la ELA. La certeza de muerte, dice, le da tranquilidad.

“Sí, mucha, mucha. Obvio que si no estuviera con este diagnóstico, pues si me fuera a morir el 10 no estuviera tranquila, pero ya uno con una Esclerosis Lateral en el estado que la tengo ya lo mejor que me puede pasar es descansar. Y para mí la muerte es un descanso”, aseguró.

En efecto, su muerte la programó para el 10 de octubre de 2021. Lo logró debido a que la Corte Constitucional colombiana amplió en julio pasado el Derecho a la Muerte Digna que solo tenían las personas con una enfermedad terminal. Fue entonces que ella vio la oportunidad de terminar con un sufrimiento innecesario, a su juicio, por ser en carne propia.

“Soy de buenas, tengo buena suerte. Y, como le digo, estoy más tranquila desde que me autorizaron el procedimiento: me río más, duermo más tranquila”, expuso.

En medio de las preguntas, surge la duda de si le sabe mejor la cerveza.

“Sí, la disfruto, claro. Es que con este calor cómo no me va a saber bueno una cerveza, cierto. No solo es el calor”, asegura.

El 31 de enero de este año fue el día en el que decidió poner fin a su vida, la celebró en un año más. El último y sin reservas. Ha probado cada sabor a solo días de dar el paso definitivo, en un sentido estrictamente literal.

“Una caja de costeñitas que, creo, trae como 36. Dígalo sin pena”, dice su hijo. Ella, lo confirma sin reparos. “Sí, unas 35, 40, pues”. Ríe, mientras tanto. No hay tiempo para la expresión negativa de emociones, ya que, en un inicio, programó su muerte asistida para el 31 de octubre.

Sin embargo, hizo un nuevo análisis de sus días, entre estos los más difíciles, pensando que sería mejor irse antes.

“Mamá, Dios no quiere ver sufrir a sus hijos’, yo estoy sufriendo”

Sin lugar a dudas que la parte más difícil de programar la muerte digna, en cualquier parte del mundo, es dejar a lo que más amas: tus seres queridos.

Así lo asume Martha, quien se define como una católica de las más creyentes. No obstante, es tiempo de usar su fe para asumir su decisión y preparar a su hijo Federico y a su propia madre, quien no la quiere dejar ir y le aseguró que no tomaría nunca una decisión así.

“Me dijo: ‘yo no lo haría’. Mi mamá tiene 83 años, está muy lúcida, pero yo pienso que es por el tema religioso que ella piensa de esa forma”, expresa Martha, quien le expuso claramente sus razones.

“Que yo estaba sufriendo. Y le dije: ‘mamá, Dios no quiere ver sufrir a sus hijos’, yo estoy sufriendo, literalmente”.

La iglesia a la que siempre ha asistido es otro tema. Los sacerdotes cuestionan la decisión.

“Pues que les cuente por qué, cierto, y la respuesta es la misma: porque estoy sufriendo, porque creo en un Dios que no quiere verme así. De hecho, para mí esto lo está permitiendo Dios, así lo veo yo, si me quiere no quiere verme en esta condición”, asevera.

La fe puede mover montañas, pero no su decisión. Ya está tomada. Su hijo, el joven de 22 años que aspira a ser abogado penalista, lo sabe. Su dolor lo ha manejado tratando de respetar por sobre todo la determinación de su madre.

“Yo lo vi como el acto de amor más grande que he hecho nunca en mi vida, porque a priori yo necesito a mi mamá, la quiero conmigo, casi que en cualquier condición, pero sé que en sus palabras ya no vive, sobrevive. Ahora estoy enfocado en hacerla feliz, en hacerla reír, en recochar (disfrutar) un poco y en que su estancia en la Tierra, lo que le queda, sea un poco más amena”, dice Federico.

Lo cumple. Mientras Martha habla con el periodista, le hace muecas desde lejos a su madre para hacerla reír. No les quedaba mucho tiempo juntos, en ese momento. En su casa hablar de la muerte no es algo sombrío. Reconoce que han estado juntos “como garrapatas” por más de 20 años.

Federico dice que se siente listo para dejar partir a su madre y reinventar el amor de ambos, más los momentos, en su memoria.

“Cómo mi hijo va a preferir tenerme ahí tirada a que yo descanse, pues. Egoísmo total. Aferrarse a que mi mamá sufra. ¡Vaya forma de querer!”, exclamó Martha.

El día (D)omingo de Martha

Todo está planificado. Para una católica como Martha, el domingo es el día de Dios, el de la iglesia, el de la fe. Ese fue el día que escogió para irse. A las 7:00 am del 10 de octubre de 2021.

“Como el domingo siempre vamos a la iglesia, a la misa, entonces escogí que fuera un domingo. Desde el primer momento quise como que fuera un domingo. Yo sé que el dueño de la vida es Dios, sí, o sea, nada se mueve sin la voluntad de él, pero creo que él está permitiendo esto, él me está premiando a mí de cierta forma porque no voy a estar postrada en una cama”, insistió.

Con ella, antes de su partida, había que hablar en pasado. Su mente, definido el día, así iba asimilando el adiós. Uno que sus connacionales parecen apoyar en sondeos.

En una reciente encuesta, según el medio Caracol, el 72% de los colombianos dijeron estar de acuerdo con que la gente con enfermedades, como la de Sepúlveda, accedan a la muerte digna de forma asistida.

Después del adiós, dejó dispuesto el procedimiento: la cremación, la entrega de las cenizas y la eucaristía que se hicieran el mismo día y sin un velatorio. “Me parece que eso alarga el sufrimiento de las personas”, dijo.

Al cierre de esta nota, faltaban poco menos de 3 días para que el domingo 10 de octubre, el día D de Martha.

Su vida y muerte son ahora conocidos fuera de Colombia. Sus palabras, el móvil de una lucha por morir de forma digna, según su concepción.

Así dijo que sería su última noche: “Normal, 7:30 de la noche dormida. Eso espero. ¡Espero no desvelarme!”.

Antes de eso, dice que espera reencontrarse con los suyos, en especial, con su hijo.

– “¿Fuiste feliz?”.

– “Sí, mucho”.

 

 

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