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Alejandro Pizarro
El secretario de Estado respondió ante afirmaciones que han circulado de que privados podrían administrar territorios fiscales. También repasó su primer año como ministro y los desafíos que ha traído la pandemia.

El ministro de Bienes Nacionales, julio Isamit Diáz, quien estuvo en la zona presentando el llamado visor Territorial “Yo me Vacuno” (ver página 8), se refirió a diversos temas de su cartera como también a los pasos que ha dado desde que era dirigente “pingüino”.

-En su ministerio, como ha ocurrido en otros, han tenido que desviar la mirada hacia la pandemia. ¿Cómo están trabajando en este contexto?

“El Ministerio de Bienes Nacionales tiene tres grandes pegas. Poner a disposición de la comunidad terrenos fiscales, hacer de Chile un país de propietarios con cientos de títulos de dominio a lo largo de todo el territorio. Pero también una tercera dimensión relevante que tiene que ver con la inteligencia o la información territorial. Desde que comenzó la pandemia el Presidente de la República nos pidió a todos los ministros, que independiente de nuestra cartera pusiéramos el hombro para enfrentarla y desde esa posición el Ministerio de Bienes Nacionales dispuso desde hace ya ocho meses un visor territorial que muestra en línea la evolución de los contagios y también cuántos casos activos hay a nivel de barrio. Es decir, cuánta gente activa tengo cerca de mi casa o de mi lugar de trabajo”.

-¿Cuál es el sello personal que le está aplicando a su ministerio, o no busca poner sellos personales?

“Nosotros en el ministerio tenemos una misión que nos encomendó el Presidente el día en que me llamó para invitarme a ser ministro, que son estas tres grandes misiones que comentaba. Pero si me preguntas cuál es el sello que quiero dejar en el ministerio, es precisamente convertirlo en uno más moderno, poner la mayor cantidad de información posible al servicio de la ciudadanía y que las personas con más información tomen mejores decisiones, porque creo que los momentos difíciles que estamos viviendo desde el punto de vista político, institucional, también requiere más transparencia, más información y que las comunidades participen de la mejor manera posible”.

-¿Se ha estancado el saneamiento de títulos de dominio producto de la contingencia?

“Más que estancarse se ha hecho de una manera distinta. Por ejemplo, yo ahora mismo estoy en la oficina de nuestra seremi Giannina González y tiene sobre su escritorio diversos planos de regularización de la pequeña propiedad raíz que da cuenta del trabajo que está haciendo la seremi y que ha hecho una buena labor, pero al mismo tiempo hemos querido facilitarle la vida a las familias, a las personas. Hemos puesto un módulo digital para que la gente pueda iniciar los procesos de regularización no solo en las oficinas de Bienes Nacionales, sino que a través de la página web ‘bienesnacionales.cl’ para poder seguir avanzando en la regularización de la pequeña propiedad raíz, especialmente ahora cuando hay tanta gente que ha sido afectada económica o socialmente y que quieren postular a ayudas, bonos, subsidios y muchas veces les falta el título de dominio”.

-En Chile cada vez hay más escasez de terrenos fiscales para construir viviendas, ¿cómo cree que se solucionará este problema en el futuro?

“Tenemos en Chile un gran problema de déficit habitacional, se estima en más de dos millones de personas que tienen problemas con acceso a la vivienda. Desde Bienes Nacionales hemos querido aportar a eso, entregando terrenos que le pertenecen a todos los chilenos, al banco de suelo público del Ministerio de Vivienda para que se construyan viviendas sociales y avancemos en mayor integración social. Desde Bienes Nacionales hemos puesto más de 120 hectáreas. Son 52 terrenos a lo largo de todo Chile, cuatro acá en la Región de Coquimbo (más de 20 hectáreas), que pretenden ser un paliativo al déficit habitacional que vive la región y el país entero”

-¿Cómo se está administrando el patrimonio fiscal en la actualidad?

“Todo hoy día está en modo pandémico, sin embargo, el Ministerio de Bines Nacionales está gestionando el terreno fiscal en tres grandes lineamientos. Primero, poner toda la carne a la parrilla para apoya la activación, apoyar proyectos de inversión y, sobre todo, que haya más pega en las regiones. Vamos a presentar en las próximas semanas un plan de licitaciones muy ambicioso que pretende poner a disposición de la ciudadanía, de los proyectos de inversión, de las comunidades, terrenos a lo largo de todo el país. Serán más de 300 terrenos y en ese sentido yo creo que es una buena noticia. Una segunda cosa es que la gestión territorial tiene que hacer frente a las ocupaciones ilegales que hemos visto en terrenos fiscales. Si bien el problema es mucho mayor en las regiones del extremo norte del país -estoy pensando en Tarapacá, en Antofagasta donde hay miles de ocupaciones irregulares en terrenos fiscales-, esa no es una situación excepcional. En la Región de Coquimbo, si bien tenemos poca propiedad fiscal, sí tenemos una situación compleja en sectores como La Varilla, donde hemos avanzado junto a la seremi, Giannina González, en un plan de normalización. A arrendatarios o personas que quieran comprar se les va a vender estos terrenos a precio mercado y personas que quieran ser arrendatarias para arrendar terreno fiscal, pero los inescrupulosos que se toman terrenos fiscales para tratar de venderlo como propios, como hemos visto con terrenos de las municipalidades con publicaciones en redes sociales, eso no va a ser tolerado y en el caso de los sitios fiscales van a ser desalojados cada vez que corresponde”.

-¿Qué postura tiene sobre el traspaso de parques nacionales a manos privadas?

“No hay ningún traspaso de parques nacionales a manos privadas en ningún lugar de Chile. La Convención de Whashington impide que los parques nacionales se desprotejan. Es decir, si un terreno ha sido calificado como parque nacional, no puede dejar de serlo. Ningún parque nacional de Chile ha sido traspasado ni va a ser traspasado a privados, muy por el contrario, hay donaciones privadas que permiten acrecentar la cantidad de hectáreas protegidas como parques nacionales”.

-Usted es el segundo ministro más joven desde el retorno a la democracia, ¿se le ha hecho cuesta arriba el cargo?

“Creo que soy el más joven, no sabía si hay alguien más joven que yo, pero la verdad es que ha sido un gran desafío, agradezco la oportunidad del Presidente de la República para poder encabezar un ministerio como el de Bienes Nacionales que administra más de la mitad del territorio del país y en ese sentido obviamente uno tiene cosas positivas, puede aportar una mirada distinta, yo trato de aportar al gabinete una mirada desde las nuevas generaciones, pero también de las familias de clase media. También tiene desafíos, asumí con 30 años para liderar un equipo de más de mil funcionarios a lo largo de todo Chile, con 16 oficinas regionales, pero siempre muy bien acompañado por nuestros funcionarios, por el subsecretario y por nuestros seremis. Yo sé que todo ha sido difícil el último año, piensa que a mí me tocó asumir como ministro 10 días después del estallido social y, por lo tanto, como ministro me ha tocado enfrentar la mayor crisis política social institucional siendo parte de este gobierno y, al mismo tiempo, la pandemia y la crisis económica. Así que te puedo confesar que ha sido un año y medio de ministro intenso, duro, pero que cada día ha valido la pena, porque en estos momentos de dificultad hay más razones para entrar al servicio público”.

-En lo personal usted es el primero de su familia en tener un título profesional, ¿qué significado ha tenido esto en su vida?

“Al igual que muchos chilenos, somos la primera generación de nuestras familias que vamos a la educación superior y yo eso lo miro como un gran privilegio. Es decir, mi familia, mi casa, mis tatas saben leer y escribir, mis papás terminaron cuarto medio y tanto mi hermana como yo pudimos ir a la universidad. Yo creo que eso habla bien de las oportunidades que nuestro país ha generado para que familias vulnerables o de clase media podamos tener acceso a mayor educación, pero también generar más integración, lo que es muy importante, porque la integración social no solo tiene que ver con donde uno vive, sino también con que tengamos más oportunidades y creo que esa multiplicación de oportunidades de acceder a la universidad la han tenido miles de familias y lo ideal es que ese carro no se detenga”.

-Usted era vicepresidente del centro de alumnos del Instituto Nacional cuando estalló la revolución pingüina. ¿Qué le quedó de eso o qué sacó en limpio?

“Me quedaron varias cosas. Aprendí como dirigente estudiantil que hay cosas que valen la pena y vale la pena dedicarse a eso. Yo decidí dedicarme a la política siendo muy joven como dirigente estudiantil, porque vi en la educación un motor de cambio. Cuando uno escucha a los papás decir que la gran herencia que te pueden dejar es la educación, es porque sabemos que la educación es fundamental y yo aprendí eso desde muy joven. Lo segundo que aprendí, cuando uno organizaba manifestaciones, marchas -acuérdate que nosotros nos tomábamos el colegio y lo cortés no quita lo valiente- muchas veces uno puede ser muy claro, muy duro, muy tajante, ser muy exigente en nuestras peticiones, solicitudes, pero nunca caímos en justificar la violencia, muy por el contrario, condenar cualquier acto de violencia, como nos decían en el colegio, lo cortés no quita lo valiente”.

-Su nombre era motivo de conflicto en esa dirigencia, ya que tenía una voz disidente. ¿Qué tan disidente era?

“Era disidente en parte. Por ejemplo, yo era muy coincidente en la gran visión de hacer de Chile un país con mejor educación para todos, independiente de donde uno naciera. Yo eso lo he asumido como ley de vida, de que las oportunidades que tú tengas no dependan de donde tú naciste, al colegio que fuiste o la familia que te crió. Pero obviamente éramos disidentes porque teníamos distintos caminos para llegar a ese fin. Con grandes amigos míos, que hoy día son dirigentes importantes, por ejemplo, en el Partido Socialista, como la Karina del Pino, éramos dirigentes estudiantiles, teníamos el mismo fin, pero caminos distintos. Obviamente ahí discrepábamos, debatíamos. Yo siempre representaba la idea de la centroderecha, de la libertad, de la justicia, de las oportunidades, y la verdad que eso significó más de un debate, a veces más de una rabieta, pero siempre pudimos ponernos de acuerdo, porque yo creo que uno de los grandes méritos del movimiento del 2006, es que personas que pensábamos distinto, pudimos ponernos de acuerdo en una gran misión y creo que ese es el gran legado”.

-El 26 de mayo del 2011 usted tuiteó “me siento absolutamente estafado: yo no vote para financiar a ministros que promueven matrimonios gay. Que se vaya Cruz Coke”, lo que le valió el título de homofóbico. ¿Sigue pensando igual?

“Hoy día tú sabes que en los medios, en las redes sociales las etiquetas abundan y a veces no son justas. El 2011, cuando yo estaba en la universidad el ministro de Cultura tuvo esas afirmaciones y yo creo que si revisas toda la prensa del año, entiendo que el ministro de Cultura y el gobierno hizo una declaración distinta a eso, explicitó la posición y yo lo he dicho una y otra vez, desde que asumí como ministro, que el rol de los ministros es cumplir y hacer cumplir la ley y que esto es un debate que tiene lugar en el Congreso. Yo tengo una clara posición a favor del matrimonio entre un hombre y una mujer, pero evidentemente es el Congreso Nacional donde se radica esta discusión y todo el gobierno va a hacer cumplir la ley. Tenemos un Congreso donde se puede debatir democráticamente un tema donde hay posiciones divergentes y la misma Comisión Europea de Derechos Humanos ha dicho una y otra vez, que ambas posiciones son legítimas y que se tiene que zanjar democráticamente en los congresos”.

 

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