Crédito fotografía: 
Alejandro Pizarro
La irresponsabilidad de la ciudadanía, que ha dejado como consecuencia una acumulación de escombros e incluso artículos para el hogar, pone en peligro el ecosistema de un espacio emblemático de la región. Según expertos, de seguir así, podría ser irreversible.

Hace pocos días, diario El Día recibió una denuncia por parte de sus lectores, donde se pudo vislumbrar con tristeza que uno de los espacios naturales más hermosos de la comuna puerto seguía expuesto a un problema endémico: la contaminación.

Nos referimos al humedal El Culebrón, uno de los escenarios más emblemáticos de la comuna puerto y que cuenta con una rica biodiversidad que, lamentablemente, corre peligro debido a la acción irresponsable de personas que sin mirar los hechos en perspectiva, podrían afectar en forma permanente a la flora y fauna del lugar.

En el sitio de los hechos, nuestro medio de comunicación pudo verificar el triste espectáculo: basura de todo orden, materiales de construcción, colchones y hasta electrodomésticos dados de baja se encuentran en el santuario, lo que denota la poca conciencia de las personas. Sobre todo, considerando que en el lugar pueden cohabitar aves residentes del humedal (sietecolores, trabajador, tiuque, queltehue), aves migratorias (principalmente del hemisferio norte como zarapitos y playeros), reptiles (en su mayoría endémicos, como lagartos del género Liolaemus, culebra de cola corta y culebra de cola larga) y micromamíferos (roedores como el ratón cola de pincel, por ejemplo).

Carolina Vega, coordinadora local del Proyecto GEF Humedales Costeros, que lidera el Ministerio del Medio Ambiente, conversó con El Día para alertarnos sobre el valor que tiene éste y otros humedales.

“Acá, claramente, hay una irresponsabilidad de las personas, que creen que estos lugares son el patio trasero de las ciudades. Estas acciones perturban de gran manera la biodiversidad, y no hay que olvidar que particularmente en el humedal El Culebrón se ha hecho un trabajo ciudadano que ha liderado Ceaza y que ha permitido retirar los escombros y, por ejemplo, construir un mirador. Ese es un buen ejemplo a seguir”, acotó.

Lamentablemente, muchos de los residuos que se arrojan contaminan con diversas sustancias que terminan siendo arrojadas al humedal. “Por ende, contaminan a las especies acuáticas. Pero algunos de estos elementos, por ejemplo los plásticos, junto a la erosión del viento y de la brisa marina, se van degradando y se van convirtiendo en microplásticos. Muchas veces, los animales confunden estos elementos con alimento, los que consumen algunos ejemplares pequeños, que luego son comidos por otros más grandes. Hasta que, finalmente, nosotros nos comemos peces que se alimentaron de organismos más pequeños. Esto se conoce como bioacumulación”, señaló.

Respecto de la presencia de animales domésticos, principalmente perros, Carolina Vega sostuvo que generan un problema. “Lamentablemente, como estos humedales no han podido ser insertados dentro de nuestras ciudades, ocurre que hay personas que van a dejar sus mascotas. Lamentablemente, ellos pueden contagiar sus parásitos y crear enfermedades a la fauna nativa, porque hay que considerar que además de las especies que viven ahí, en la temporada estival llegan especies migratorias”.

Respecto de los daños en el mediano y largo plazo, esta profesional subrayó que “debemos preocuparnos. Si esto persiste, es muy probable que cada vez lleguen menos aves y van a disminuir las distintas especies que cohabitan este sector. Además, la calidad del agua del humedal puede empeorar cada vez más y con consecuentes efectos sobre la biodiversidad. A medida que aumentan los nutrientes, a una gran escala, el agua cambia de color. Pero aún depende de nosotros evitar un daño mayor”, concluyó.

 

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