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Lautaro Carmona
Si bien en los últimos años se ha avanzado en un plan integral que incluye la entrega de viviendas, equipamiento urbano y nuevos espacios públicos, hay vecinos que reconocen que hubo demora en la ayuda tras la catástrofe.

Los habitantes de la región de Coquimbo no se podrán olvidar fácilmente del día 16 de septiembre de 2015, cuando un sismo de magnitud 8,4 en escala de richter sacudió la zona, dejando como saldo 11 fallecidos y miles de damnificados.

Al terremoto se sumó, a escasos 10 minutos, un tren de olas que alcanzaron más de 4 metros de altura y que golpearon la zona costera de la región, arrasando con viviendas, infraestructura comercial y equipamiento urbano.

Pese a que ya son varios los años que han pasado, se transformó en una imagen que permanece en la retina de los afectados, quienes recuerdan cada detalle de lo que vivieron ese día en la víspera de Fiestas Patrias.

 

Terror en la pampilla

Una de las autoridades de la época a la que le tocó enfrentar las consecuencias del sismo fue el exintendente Claudio Ibánez, quien había asumido el cargo dos meses antes del sismo. La exautoridad recuerda que durante esa tarde estaban en el corte de cinta para inaugurar La Pampilla de Coquimbo, cuando empezó a moverse el piso de la carpa oficial.

“Mientras sujetábamos la cinta, se comienza a remecer todo y eso que La Pampilla está sobre una roca sólida. Pese a esto no podíamos sostenernos prácticamente en pie. Sabíamos en seguida que era algo grande. Lo positivo fue que en ese lugar estábamos reunidas todas las autoridades, desde el intendente al gobernador y los jefes de las Fuerzas Armadas y Seguridad, también los seremis, por lo tanto se pudo hacer una coordinación muy rápida y efectiva, para solicitar la evacuación de la zona costera de Coquimbo. Imagínese si no estábamos todos juntos nos habríamos demorado en contactarnos y en lograr una coordinación habría sido más complejo y se hubiese perdido valioso tiempo”, relató Ibáñez.

El exintedente sostiene que el recuerdo del terremoto del 2010 los llevó a solicitar inmediatamente que las personas se resguardaran ante un eventual tsunami.

“No esperamos los reportes de nadie, fue una decisión instantánea. Luego nos dimos cuenta de todo el desastre que había ocurrido en la región. Los días posteriores estuve 58 horas sin poder dormir para monitorear cada zona”, aseveró Ibáñez.

En ese escenario, la exautoridad recuerda lo complejo que fue comenzar a conocer las primeras informaciones sobre los fallecidos. “Recuerdo que a unas personas les cayó una roca en su vehículo en Monte Patria, una joven que se golpeó la cabeza al colapsar una cornisa en Illapel, otra iba de Coquimbo rumbo a La Serena en moto por la costanera y lo pilló el tsunami, o las personas de Tongoy y Baquedano”, señaló.

Claudio Ibáñez considera que por el día y la hora en que se produjo el sismo, la tragedia no fue mayor. “Fue un jueves, tipo 19:54 horas en vísperas de Fiestas Patrias, ¿te imaginas si es un horario normal cuando el edificio de la Teletón estuviera lleno?, Hubiese sido una tragedia absoluta”, declaró.

 Como anécdota quedará, consigna Claudio Ibáñez, que una semana antes habían realizado una capacitación de parte de la Onemi de cómo enfrentar una eventual emergencia en la región.

“Nos pusieron en un supuesto que podíamos hacer ante un terremoto de 8,5 grados y con tsunami. La descripción del supuesto fue casi idéntica a lo que pasó, el quiebre del Hospital de Coquimbo, el daño en las carreteras. En el fondo analizamos el protocolo a utilizar y esto nos sirvió para ese día 16 de septiembre y nos ayudó a actuar mejor”, aseveró el ex intendente.

 

Lecciones aprendidas

Fueron tres minutos, que para quienes vivieron ese día se volvieron una eternidad. Claro que nadie podría imaginar los graves daños que provocaría el evento sísmico en cientos de viviendas de la región y en gran parte de la infraestructura pública.

Eso sí, el terremoto dejó también una serie de lecciones y marcó los protocolos a utilizar ante una emergencia. Así lo indica el director de la Onemi, Rubén Contador, quien sostiene que una de las enseñanzas fue lo importante y necesario que resulta tener una población debidamente educada ante un desastre.

“El poder contar con un sistema de alerta temprana que permita activar la emergencia y darla a conocer a la ciudadanía para que esta pueda iniciar su evacuación a una zona segura, es un elemento fundamentral en el que se debe destacar el Sistema Regional de Protección Civil, ya que a través de ese medio se alerta a las municipalidades, Armada, Carabineros y Bomberos, lo que es complementado con el Sistema SAE a través de mensajes de la telefonía”, indicó Contador.

En este contexto, otra de las cosas que destacó el director regional de la Onemi entre los aprendizajes que dejó esa tarde de septiembre fue la importancia de contar con vías de evacuación debidamente establecidas y que en su mayoría sean peatonales.

Contador, quien se encuentra invitado este próximo 21 de septiembre a México para exponer sobre el terremotos y tsunamis en un ciclo de charlas internacionales de sismicidad y riesgo, sostiene que lamentablemente cada cierto tiempo estas rutas de escape, que son vitales para este tipo de emergencias, han sufrido del vandalismo por parte de desconocidos.

“Desgraciadamente los delincuentes han sustraído los elementos de iluminación, ya sea baterías y paneles solares, que son vitales para iluminar ante una emergencia como la vivida en el 2015”, indicó el director de la Onemi, quien señala que a la fecha la conurbación ya cuenta con 9 vías de escape ante un eventual tsunami.

 

La deuda con baquedano

Uno de los sectores más afectados por el sismo de magnitud 8,5 y posterior tsunami fue el tradicional barrio Baquedano, en Coquimbo.

Desde 2015 comenzó la reconstrucción en el sector, lo que permitió la salida de 88 familias que buscaban una relocalización hacia zonas seguras. Mientras otras 122 decidieron permanecer en el lugar, restaurando sus viviendas con beneficios entregados por el Ministerio de Vivienda, que identificó un polígono de intervención que comprendió 80 hectáreas.

Según el Minvu, se han invertido más de 3 mil 112 millones de pesos sólo entre reparaciones (58 millones de pesos), compra de vivienda (2.642 millones) y construcción de palafitos (414 millones de pesos).

Pese a esta inversión y avances, algunos vecinos no están muy conformes con este tipo de ayuda y dicen que aún sigue una deuda con el sector. Así lo indica Oscar Pastén, quien dice que Baquedano transita hacia un completo olvido.

“Aparte de recibir las ayudas, que fueron en el momento de la catástrofe, después de eso hubo un olvido total. Gente que quedó en casas que no corresponden, las casas se demolieron, el sector se invadió de gente que no corresponde, también hay delincuencia, venta de drogas, así que ha sido un tiempo bien difícil y no se les ha dado una solución a los vecinos. Esta es una población en la que cuando pasa algo nadie viene a ver, es un terreno de nadie”, complementó.

Misma opinión tiene Julia García, quien dice que en su momento le ofrecieron solo $30 millones por su casa, por lo que no aceptó.

Considera la pobladora que desde el Gobierno quieren que los pobladores abandonen sus hogares para irse a vivir a un edificio que se está construyendo a escasos metros de donde reside actualmente. “Imagínese, mi mamá murió a los 85 años y a esa edad no la iba a meter en un espacio tan pequeño, cuando toda su vida vivió en un terreno gigante. Entonces, la gente tampoco se va a ir. Quieren hacer un cambalache, como se dice”, señaló García.

 

Avances

Por otro lado, los dirigentes sociales del sector dicen que la situación ha ido cambiando en los últimos años y que gracias al Plan Baquedano se han logrado avances significativos.

El presidente de la Asociación Gremial Agrayac, Luis Aracena, que alberga a los talleres y comercio del lugar, señala que las escenas que vio ese día quedarán en su recuerdo por siempre, pero que esos momentos hoy les sirven para levantarse como gremio.

“Autos en la calle, talleres destrozados, casas sacadas de raíz, fue dantesco. Hoy como institución hemos salido con empeño, somos un barrio comercial que entrega trabajo para mantener a cinco mil personas y queremos seguir avanzando”, sostiene Aracena.

El presidente de la Asociación Gremial Agrayac indica que si bien han recibido algunas ayudas para levantar sus negocios, desde el municipio coquimbano se han realizado promesas que siguen sin cumplirse.

“En la administración anterior nos dieron puras promesas y con el actual alcalde vamos a tener que partir de cero. Esperamos reunirnos pronto con el actual edil y mostrarle que somos una red de emprendedores que quiere rescatar un barrio limpio, digno, con calles desmarcadas. En este momento el lugar está muy desordenado”, comentó el dirigente.

La presidenta del Comité Unión Baquedano, Betty Santander, también destaca los logros que se han obtenido con el Plan Baquedano, detallando que “se terminaron 9 casas palafitos que están construidas con hormigón y a cuatro metros de altura. Estamos conformes en este momento con las metas que se habían trazado”.

La dirigente social señala que de a poco han ido concretando las obras para ir mejorando el barrio. “Lo que si nos falta es el tema de tubería que en algunas partes no han sido reparados y tenemos que ver qué va a pasar con los nuevos edificios. De a poco vamos avanzando y el comercio se ha ido revitalizando en el lugar”, afirmó Santander.

 

Proyectos de edificios

Entre las propuestas para mejorar el sector de Baquedano se encuentra el presentado por dos consultoras interesadas en adjudicarse el diseño de un edificio de vivienda pública de arriendo y un edificio vivienda social con lineamientos de Reducción del Riesgo de Desastres, proyectos desarrollados por el Programa de Regeneración de Conjuntos Habitacionales del Minvu, que se enmarcan en el Plan de Regeneración Urbana para el Barrio Baquedano.

La propuesta de la Fundación Urbanismo Social junto con la oficina de Arquitectura de Cristián Fernández propuso un proyecto que integra ambos edificios potenciando y haciendo más eficientes los espacios públicos, con edificios de 6 pisos y con 100 departamentos para arriendo con cuatro tipologías de 1 a 3 dormitorios.

En tanto, la propuesta de Fundación Techo, que trabajó en conjunto a la oficina de Arquitectura de Juan Sabbagh, presentó un proyecto que propone una manzana unitaria que integra las dos manzanas. Permite una gran iluminación, ventilaciones y con lugares de encuentro.

Al respecto, Abel Espinoza, seremi de Vivienda y Urbanismo de Coquimbo manifestó que “desde el año de la tragedia a la fecha, en Baquedano la tarea se dividió en dos. Primero se entregaron subsidios habitacionales de forma urgente a quienes querían salir del lugar porque su hogar se destruyó y, por otro lado, la implementación de un plan maestro con estudios y obras. Se invirtieron 168 millones de pesos en tres estudios: urbano habitacional, jurídico y topográficos”.

A partir de eso, agregó, “se generó prioridad de obras como proyectos habitacionales para arriendo y un proyecto DS49 para las familias más vulnerables que en estos días se adjudicará el diseño y comenzará con la ejecución de sus obras el primer trimestre del 2022 con un valor cercano a los 10 mil millones de pesos. Y además el Edificio Los Fundadores tiene más de 60% de ejecución y ahí tenemos subsidios de integración social y territorial (DS19). Ahí la inversión del Minvu es cercana a los 3 mil millones de pesos”, indicó Espinoza.

 

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