Crédito fotografía: 
Lautaro Carmona
Los cientos de pobladores del lugar dicen que las promesas que se les hicieron antes de construir el recinto penitenciario quedaron en el aire y que sus peores presagios se han cumplido, por lo que se sienten en abandono y, lo peor, con delincuencia.

Habitantes del sector de Huachalalume, que han vivido toda su vida en ese lugar, dan cuenta de qué ha significado en sus vidas que les instalaran a lado una cárcel de alta seguridad, destacando que las promesas que se les hicieron antes de construir el recinto penitenciario, no todas se cumplieron y que existe una gran deuda social con ello.

Plantean que uno de los mayores temores que tenían es que familiares de personas detenidas por delitos graves comenzaran a llegar a residir en las cercanías y también que llegara la delincuencia, lo que ocurrió sin que nadie se haga cargo de lo que eso ha significado.

Además, indican que pasaron de ser un lugar tranquilo a uno estigmatizado por tener una cárcel al lado.

Han pasado ya 15 años desde que se construyó el recinto penitenciario y los residentes del lugar, dicen que hoy ninguna de las autoridades de esa época está presente para darles respuestas de cómo cambiaron completamente un lugar que era tranquilo, de gente humilde y que hoy incluso personas que estuvieron detenidas en el recinto, se han tomado terrenos y los tienen como vecinos.

Cuentan que en esos años ni en sueños pensaron que hubiese problemas de tráfico de drogas ni delincuencia. Sin embargo, ahora temen hasta salir temprano de sus casas a trabajar o estudiar.

Una de las primeras aprehensiones que tuvieron, fue que al dejar en libertad a los reos, estos quedaran deambulando en la población, lo que en un comienzo no ocurría, porque se los llevaban en un vehículo y los dejaban en libertad en La Serena o Coquimbo, pero que en la actualidad les abren la puerta y punto.

Reconocen que hubo medidas  de mitigación y vieron la instalación de electricidad, pavimentación, alcantarillado, por ejemplo y también aumentó la locomoción, lo que permitió acercarlos más a las ciudades de La Serena y Coquimbo.

“Había muchas deficiencia y una vez que se instaló el proyecto de la cárcel, se entregaron algunas compensaciones para poder mejorar la calidad de vida. En el sector donde hoy día hay una toma, vivía un grupo de vecinos a la espera de su casa, que hoy es la nueva villa que está acá en Huachalalume, éramos familias que no teníamos nuestra casa y vivíamos en esa planicie”, relata Macarena Ávalos.

Señalan que esas fueron cosas positivas, pero muchas promesas quedaron en el camino. Por ejemplo, pidieron la presencia permanente de Carabineros y se les dispuso de un cuartel móvil, sin embargo, “para un tiempo de verano se lo llevaron a al Avenida del Mar y no lo devolvieron nunca más y la seguridad quedó un poco perdida”, lo que incluso lo consideran discriminatorio.

Además de los problemas de poco resguardo, indican que se les vino un problema inesperado, luego que La Serena y Coquimbo comienzan a pelearse el territorio y la comunidad queda dividida, un porcentaje pertenece a La Serena y otro a Coquimbo. Así, muchos que se sentían coquimbanos, por ejemplo, pasaron a ser serenenses y con la obligación de tener que realizar muchos trámites legales en la capital regional.

Esto produjo que la Junta de Vecinos quedara en una comuna y se creó otra organización para el lado de Coquimbo. Es decir, quedaron divididos territorialmente y sin sentido de pertenencia.

Esta división incluso les trajo problemas de inseguridad, puesto que cuando llaman a Carabineros “nos dicen que tenemos que llamar a otro cuadrante, porque no pertenecemos a ese. Si llamamos a Tierras Blancas, que está más cerca, no le corresponde a ellos”, indica Macarena Ávalos, quien es refrendada por Solange Viviana Narea, “la instalación de la cárcel significó mucho más gente, desconocidos que vienen a visitar a los reos y trajo personas a la toma que hay. Trajo a personas que salían en libertad y se venían a instalar acá, porque les quedaba más cerca para visitar a sus familiares que tienen en la cárcel”, dice Narea.

Otro problema que han reclamado es la libertad de los reos, “porque a nosotros se nos prometió que al cumplir sus condenas los iban a trasladar en los buses que tienen a La Serena o al cruce (carretero) para que no quedaran deambulando en el pueblo, cosa que no se realiza,les abren las puertas nomás y muchos reos se quedan a dormir en la plaza y en eso tenemos cero ayuda. Nuestros niños se van a las seis y media a embarcarse para las clases y tienen que estar esperando y uno no sabe si les sale algún reo escondido por ahí”, enfatiza Solange Narea.

La profesora de la escuela del lugar, Graciela Álvarez, corrobora lo afirmado por quienes narran cómo viven en la actualidad. Lo propio hace Danitza Araya, la madre del menor que asesinaron hace algunos días al cruzarse en momentos que había una riña.

 

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