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Recorría La Pampilla los fines de semana cuando había fútbol amateur, pero también se instalaba en los estadios de La Serena y del puerto, donde además de confites sumaba sandwich de ave mayo.

En Coquimbo falleció el conocido vendedor de “palomitas de maíz” y de confites, Orlando Lino Cifuentes Videla, identificado también como “El Palomero”.

Quienes le conocieron lo destacaron como a una persona muy caritativa, un hombre de bien y muy trabajador, por lo que destacaron sus cualidades.

Le sobreviven su esposa y sus dos hijos, quienes realzaron su calidad y condición de padre, indicando que siempre estuvo preocupado de su familia y que amaba trabajar en un oficio que desarrolló por más de 40 años.

Los lugares en que se instalaba con su carrito de confites eran el estadio, La Pampilla, La Plaza de Armas (en verano), el Colegio Metodista y el Estadio La Portada.

“Mi papá era un hombre que siempre anduvo alegre, nunca enojado, era de los que le daba las pocas cosas que tenía a otras personas, todo por ayudar a la gente, era muy caritativo. Él trabajaba los fines de semana en La Pampilla para los partidos de fútbol vendiendo en un carrito de confites y a los niños le regalaba las cosas, los ganchos les decía a los chicos”, así recuerda Ingrid Cifuentes a su padre, a quien sepultaron ayer en el cementerio parque de Coquimbo.

A Orlando Cifuentes le gustaba mucho el fútbol, aunque era hincha de Coquimbo Unido, estadio en el que se instalaba no solo a vender cabritas o palomitas de maíz, sino que también sandwich de ave mayo y café. Con estos productos también se trasladaba hasta el Estadio La Portada de La Serena cuando había partido, ya que buscaba los lugares donde poder vender.

“Él era feliz con sus carros trabajando, esa era su vida, su carro de confites y el de palomitas”, dice su hija, quien menciona que crió a su familia siendo este tipo de comerciante.

La historia del llamado “Palomero” es larga y llena de hechos que llenaron su vida. En su juventud, por ejemplo, fue un cotizado boxeador, muy respetado por sus contrincantes por su buena pegada.

Además, en un tiempo que vivió en  Diego de Almagro, fue voluntario de Bomberos, puesto que siempre tuvo muy arraigado el servicio hacia la comunidad. Sus familiares y amigos lamentaron su partida y reconocieron que había sido un hombre de bien en su paso por esta vida.

 

 

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