Crédito fotografía: 
Alejandro Pizarro Ubilla
La embarcación, que transportaba hierro, zarpó desde Coquimbo el 8 de agosto de 1967. Luego de cinco días de navegación, a la altura de la Isla Guamblin, desapareció en medio de una tormenta. Los familiares de los 36 tripulantes relatan el impacto que les significó perder a su seres queridos y seguir hasta ahora sin conocer el paradero de sus restos.

El día 13 de agosto de 1967 quedó marcado a fuego en 36 familias de nuestro país. Ese día fue la última vez que tuvieron noticias de sus seres queridos que estaban a bordo del buque metalero Santa Fe, el que naufragó y desapareció a la altura de la isla Guamblin (Faro Evangelista, Zona sur de Chile).

 Cinco días antes, la nave había zarpado desde Coquimbo con un cargamento de hierro, rumbo al puerto de San Nicolás, Argentina. El barco salió en medio de un temporal y a pesar de que tenía todos los medios para dar señales de auxilio, nunca se recibió en el puerto, por lo que simplemente desapareció.

Hasta la fecha, no se han encontrado restos del barco, ni de los 36 tripulantes que iban a bordo.

En este contexto, ayer, 13 de agosto, pero 54 años después, los hijos y familiares de la tripulación desaparecida se reunieron en el puerto de Guayacán para rendir un emotivo homenaje y lanzar al mar una ofrenda floral en honor de los náufragos.

“Fue un día en que todo se derrumbó como familia, nos avisaron un día 18 de agosto que habían naufragado el día 13”, relata María Leonor, hija de Eduardo Tagle, primer ingeniero del Santa Fe.

María Leonor, quien tenía 14 años en esa época, cuenta que ellos vivían en Valparaíso y que su padre era un hombre de mar de 42 años, que al morir dejó a su madre sola con seis pequeños hijos.

“Ese día al llegar a la casa, recuerdo que eran la una de la tarde y nos llega la noticia. Que te digan que tu padre murió, fue todo muy terrible. Mi hermanas eran chicas, la menor tenía solo 3 años”, señaló la hija del tripulante.

Tagle cuenta que el buque había sido modificado y que era muy viejo. Según los registros era una embarcación de la Segunda Guerra Mundial que había sido alargada para poner bodegas.

“Yo navegué con mi papá en ese buque desde Valparaíso a Las Salinas donde cargaban combustible, ya era viejo, me imagino que con la tormenta que había no resistió”, recuerda.

Funeral simbólico   



Los cuerpos de los tripulantes nunca fueron encontrados por lo que debieron realizar un funeral simbólico y en el cementerio de Playa Ancha, en Valparaíso, se encuentra una placa con los nombres de los desaparecidos.

Al respecto, Alfredo Eliz dice no tener recuerdos de su padre Guillermo, ya que cuando este se extravió en el Santa Fe, era solo un niño que no sobrepasaba los dos años.

“Quedamos solos junto a mi madre y mi hermano de cuatro años. Ya de grande recopilé antecedentes y más lo que me comentaba mi mamá, uno va uniendo piezas y tratando de armar qué pasó. Mi papá era hijo de marino mercante así que era una tradición de familia el salir a navegar, conocía los peligros que se viven en alta mar”, indicó Eliz.

Alfredo relata que nunca hubo una compensación real por la muerte de los tripulantes.

“Les dieron una pensión y pagaron las casas, pero solo eso, fue duro para las familias de los tripulantes del Santa Fe. La verdad que era muy poco”, aseveró Eliz, quien agrega que siempre su madre tuvo la esperanza que su padre algún día fuera encontrado. 

El buque metalero siniestrado era propiedad de la Compañía Chilena de Navegación Interoceánica, quienes afirmaban en los registros periodísticos de la época que el navío contaba con todos los implementos de seguridad necesarios.

Victoria Arratia, quien tenía 15 años al momento de la tragedia, comenta que desde la empresa no les entregaron a las familias mucha información sobre lo que realmente estaba pasando con el buque.

“Si no es porque mi mamá quería saber de la salud de mi padre, quien había sido operado de la vesícula, no nos hubiéramos enterado. Ella llamó y preguntó por Juan Arratia que iba en el Santa Fe y se quedaron callados y luego le dicen que estaban desaparecidos hace 5 días”, indica la hija del contador del buque.

Arratia espera que con el actual avance de la tecnología se puedan encontrar los restos de los malogrados tripulantes.

Búsqueda de los restos 



El sociólogo Ricardo Bordones, investigador de la UCN que encabezó la exitosa búsqueda del Vapor Itata, señala que este encuentro fue organizado por la necesidad de poner en valor y rescatar la historia del Santa Fe.

“Hasta la fecha se desconoce su ubicación y nosotros queremos reconstruir su historia, pero desde la historia más humana. Además si se dan las condiciones hacer una búsqueda de este buque. Tenemos algunas hipótesis y conjeturas donde podrían estar. Con los medios actuales puede estar la posibilidad de ubicarlos”, indicó Bordones.

Al respecto, Javier Sellanes, académico de la UCN, manifestó que cuentan con un robot que puede llegar a los mil metros de profundidad que podría ayudar en la búsqueda, pero que a diferencia del Vapor Itata, los restos deben ser ubicados.

 

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