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El estudio, de los doctores Werner Apt e Inés Zulantay, se desarrolló durante 10 años en localidades urbanas y rurales de las comunas de Illapel, Salamanca, Los Vilos, Canela y Combarbalá. Los pacientes mostraron menor evolución de compromiso cardíaco y reversión del daño en casos más leves.

Desde el año 1957, cuando llegó al hospital de Vicuña y al antiguo nosocomio de Paihuano para realizar su práctica en los primeros años de la escuela de Medicina, el doctor Werner Apt comenzó a estudiar la enfermedad de Chagas y el parásito que la genera.

“Veíamos en esos años como los niños jugaban con las vinchucas y le pegaban con un martillo para ver quién le sacaba más sangre. Bueno, ahora la vinchuca doméstica está controlada, pero en ese entonces no era así. Fue ahí que pensé ‘cuando un día me reciba de médico podré ayudar a esta gente’”.

Sin embargo, Apt nunca pensó que más de 60 años después lograría poder detectar la efectividad de un tratamiento contra la enfermedad, el que genera un menor compromiso cardíaco y reversión del daño en casos más leves.

En este contexto, el médico junto a su colega Inés Zulantay, ambos del Laboratorio de Parasitología Básico-Clínico del Programa de Biología Celular y Molecular del ICBM, presentaron los resultados del seguimiento hecho durante diez años a casi 150 pacientes, que usaron los medicamentos Nifurtimox y Benznidazol, de las localidades urbanas y rurales de las comunas de Illapel, Salamanca, Los Vilos, Canela y Combarbalá.

Este estudio arrojó que la evolución cardiológica de pacientes tratados con Nifurtimox después de 10 años —se realizó el 2009-, comparados con un grupo control, fue mejor de lo esperado.

El profesional agrega que “en primer término, solo el 8% de quienes recibieron tratamiento desarrollaron un compromiso cardíaco, versus el 20% de quienes no lo recibieron. Luego, los que presentaron esa complicación de forma leve, mantuvieron ese daño, es decir, no progresó. Y los que tenían alteraciones electrocardiográficas menores revirtieron a la normalidad”.

 

Décadas de trabajo

El médico de la Universidad de Chile cuenta que junto a la doctora Zulantay, llevan trabajando más de 40 años en la zona en el tratamiento de esta zoonosis.

“Empezamos a trabajar en Combarbalá en la escuela América y luego seguimos a los niños cuando pasaron al Liceo Samuel Román Rojas, introducimos un nuevo fármaco experimental que anduvo muy bien, después seguimos trabajando en mujeres embarazadas chagásigas para observar qué pasaba con los niños. Además desde hace unos 15 años que trabajamos con los pacientes con compromiso cardíacos, para ver por qué algunos se infectaban y nunca se enfermaban y otros hacían cardiopatías”.

En esta línea, el doctor explica queel uso de Nifurtimox y Benznidazol, ambos medicamentos disponibles en la red de salud pública y aceptados internacionalmente para el tratamiento de esta zoonosis, permite mejoras en los pacientes y que estos están siendo aplicados por médicos de la zona.

“Ellos son guiados por todos los antecedentes que le entregamos. Previo a este tratamiento nosotros hacemos un estudios electrocardiógrafos y serológicos, también pesquisamos la cantidad de parásitos que tienen las personas en la sangre, que se hace a través de PCR en tiempo real o cuantitativo. Al final de ese período, y a partir del primer o segundo año, más del 95% de los casos tenían PCR negativo, resultados que fueron corroborados en el extranjero, es decir, no se les encontró parásitos durante mucho tiempo, lo que es muy esperanzador”, añade el profesional.

 

Diagnóstico precoz

El médico indica que la mayoría tiene el parásito que la origina, Trypanosoma cruzi, pero no desarrollan síntomas; sin embargo, un tercio de los casos presentará alteraciones al corazón a lo largo de los años. Por eso es importante conocer, especialmente en zonas como la región de Coquimbo, quiénes están infectados para que reciban terapia y no vean comprometidos el corazón u otros órganos.

Por su parte, Inés Zulantay, médico oriunda de Combarbalá, afirma que el acceso a tratamiento es un tema urgente. “Tenemos testimonios de muchas personas que, estando caracterizadas por nuestro equipo, aún esperan por terapia. Por otra parte, en Chile existen más de 12.000 mujeres en edad fértil que están infectadas y menos del 2% han sido tratadas”.

En este sentido, la profesional sostiene que esto se genera por la falta de pesquisa oportuna, especialmente en personas procedentes de áreas rurales alejadas de los centros asistenciales; a la falta de horas médicas requeridas para supervisión estricta del tratamiento y, finalmente, existen dificultades en la adherencia al tratamiento, porque estos medicamentos presentan importantes efectos secundarios, estimados entre el 10% y el 80%.

“Pero todos esos síntomas indeseados son perfectamente manejables desde el punto de vista médico; siendo excepcionales los casos en los que se tiene que suspender el tratamiento”, agrega el doctor Apt.

Otro de los factores que los médicos apuntan es a la disminución de horas de Parasitología en los currículos de las carreras de Medicina de todo el país, lo ha sido muy perjudicial. “Si las nuevas generaciones no conocen esta enfermedad, ¿cómo nuestra población podría beneficiarse de un tratamiento oportuno?”, sentenciaron.

 

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